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domingo, 15 de diciembre de 2013

Another day in paradise: "Sensaciones"

Últimamente hay un concepto recurrente en mi vida: las sensaciones. Ahora mismo, las sensaciones representan el principal elemento en torno al que gira mi existencia. Dicen que con los años se es más cerebral y menos pasional. Una de dos, o se equivocan, o me equivoco. 

Sensación, palabra difícil de definir por su extensa gama de matices, significados y significantes. Oscila como un péndulo, de un lado a otro, sin término medio, al compás de los días, grises como las tardes de diciembre. A veces los días se vuelven cálidos, soleados como el sol de invierno en una terraza, café en mano, un domingo por la mañana. Esa sensación es única e irrepetible, el sol parece entrar en vena, recorre el cuerpo, inundándolo de calidez, de resplandores que suceden a los días de borrasca, tal y como cantaba una banda zaragozana que me ha acompañado desde la adolescencia. 



La abstracción ocupa, junto a las sensaciones, el eje central de mi actitud ante la vida en los últimos tiempos. Necesaria perspectiva ante los recientes acontecimientos, dolorosos y fortalecedores al mismo tiempo. Tóxicos como el cianuro en sangre, enervantes, perturbadores y enigmáticos. Componen una panorámica con multitud de matices que poco a poco van tomando forma en el hervidero de los sesos, de la sangre caliente, de las acciones espontáneas. 

Las contradicciones siguen ahí, de alguna forma siempre han estado y siempre estarán. Demonios al acecho en las noches más oscuras y golfas, vienen de visita en los momentos más inoportunos, se quedan, se marchan, vuelven cuando tienen que hacerlo... Supongo que las contradicciones son parte del viaje. Conforme se van sucediendo las etapas, algunas se quedan en el camino y otras se unen a la marcha, evolucionando junto al viajero hasta formar parte inseparable de su forma de afrontar los nuevos retos. 

Go your own way, tal y como canta Stevie Nicks en este preciso instante, con esa voz que remueve las entrañas, que sale de lo más hondo de un cuerpo castigado por los años, pero que conserva el atractivo de antaño. 

Another day in paradise...

jueves, 5 de diciembre de 2013

Another day in paradise: "Strange days"

Hoy ha sido uno de esos días extraños. De esos días que parecen haber empezado hace un millón de años. Y es que esta mañana parece ya tan lejana, es como si se hubiera disuelto en el pasado, como una aspirina efervescente olvidada en un vaso. Sin embargo, hay recuerdos que, aunque pertenezcan a un pasado lejano, permanecen frescos en la memoria, como si hubieran ocurrido hace un instante. 

Una vez tuve un profesor de historia que, en mitad de una clase, hizo un parón en seco y sin venir a cuento nos dijo que dedicáramos, aunque fueran 5 minutos al día, a repasar lo que habíamos hecho durante el transcurso de la jornada. Que nos dedicáramos cinco minutos a nosotros mismos en total silencio, en soledad, sin nada ni nadie que nos distrajera. Solamente nosotros y el silencio. En aquel entonces, yo tenía catorce o quince años y estaba sentado en un pupitre que yo mismo decoraba con dibujos del Che Guevara, logotipos de grupos de rock (Extremoduro, Héroes del Silencio, Iron Maiden, Pantera, Platero y Tú, Metallica, Def con Dos, Paradise Lost, Green Day, Nirvana...), los nombres de las chicas que me gustaban (muchas) y cualquier mensaje contestatario que se me pasaba por la cabeza. Afortunadamente, los mensajes no eran del tipo Anarkía y Zerbeza Fría, si no que mas bien eran refritos de frases de canciones que memorizaba. 


Retomando lo que dijo el profesor de historia recuerdo que, por cualquier motivo que no sé explicar, es como si el fulano hubiera pulsado la tecla de activación de un mecanismo alojado en el interior de mi cabeza y que ni yo mismo sabía que existía. Pero sí, estaba ahí. Es más, mientras había gente en clase que se estaba riendo de lo que ellos consideraban una tontería por parte del tipo que nos daba la tabarra con la historia y la Grandeza Imperial de España en el año del cataplún, yo estaba absorto, inmóvil, tratando de asimilar el impacto que sus palabras habían causado en mí. Recuerdo que el tipo seguía con su explicación, con voz cansina, pausada, pastosa, incluso machacona. Yo asentía con la cabeza, pero no le estaba prestando la más mínima atención, porque en mi cabeza solamente había sitio para las palabras que había pronunciado hacía unos instantes.

"Míralo, pensaba, para la cara de esparto que tiene y las cosas tan interesantes que dice, 
eso que casi no le sale la voz del cuerpo al enclenque éste." 

Recuerdo que estuve varios días dándole vueltas a sus palabras constantemente. Por alguna razón, durante algún tiempo no fui capaz de dedicarme esos cinco minutos de soledad, de introspección. Quizá porque mi todavía cabeza adolescente, inconscientemente, tenía miedo de descubrir las novedades que se presentaban ante tal ejercicio de introspección. 

Tras varios intentos, al fin conseguí dedicarme esos cinco minutos, que en ocasiones eran los minutos mejor aprovechados del día. Lo tomé como costumbre durante un tiempo y luego abandoné, volviendo cada cierto tiempo a retomarlo (consecuencias del carácter intermitente, supongo). Hoy, y tras bastante tiempo sin dedicarme esos minutos, me he encontrado sin querer con el silencio, con la reflexión, y he llegado a la siguiente conclusión:

"Hoy ha sido uno de esos días extraños, de esos días que parecen haber empezado hace un millón de años. Y es que esta mañana parece ya tan lejana..."

Another day in paradise

sábado, 12 de octubre de 2013

Another day in paradise: "Sensaciones"

Últimamente hay un concepto recurrente en mi vida: las sensaciones. Ahora mismo, las sensaciones representan el principal elemento en torno al que gira mi existencia. Dicen que con los años se es más cerebral y menos pasional. Una de dos, o se equivocan, o me equivoco. 

Sensación, palabra difícil de definir por su extensa gama de matices, significados y significantes. Oscila como un péndulo, de un lado a otro, sin término medio, al compás de los días, grises como las tardes de diciembre. A veces los días se vuelven cálidos, soleados como el sol de invierno en una terraza, café en mano, un domingo por la mañana. Esa sensación es única e irrepetible, el sol parece entrar en vena, recorre el cuerpo, inundándolo de calidez, de resplandores que suceden a los días de borrasca, tal y como cantaba una banda zaragozana que me ha acompañado desde la adolescencia. 


La abstracción ocupa, junto a las sensaciones, el eje central de mi actitud ante la vida en los últimos tiempos. Necesaria perspectiva ante los recientes acontecimientos, dolorosos y fortalecedores al mismo tiempo. Tóxicos como el cianuro en sangre, enervantes, perturbadores y enigmáticos. Componen una panorámica con multitud de matices que poco a poco van tomando forma en el hervidero de los sesos, de la sangre caliente, de las acciones espontáneas. 

Las contradicciones siguen ahí, de alguna forma siempre han estado y siempre estarán. Demonios al acecho en las noches más oscuras y golfas, vienen de visita en los momentos más inoportunos, se quedan, se marchan, vuelven cuando tienen que hacerlo... Supongo que las contradicciones son parte del viaje. Conforme se van sucediendo las etapas, algunas se quedan en el camino y otras se unen a la marcha, evolucionando junto al viajero hasta formar parte inseparable de su forma de afrontar los nuevos retos. 

Go your own way, tal y como canta Stevie Nicks en este preciso instante, con esa voz que remueve las entrañas, que sale de lo más hondo de un cuerpo castigado por los años, pero que conserva el atractivo de antaño. 

Another day in paradise... Y ya van unos cuantos.