lunes, 30 de septiembre de 2013

Blogs, retos, sucesos y pedradas

Blogs, esos pequeños espacios en la red que se abandonan, se retoman, se visitan por rachas o simplemente se ignoran. Cuando un blog es personal, las entradas reflejan estados de ánimo, pensamientos pasajeros, momentos puntuales que quedan escritos. Una sucesión de entradas, publicaciones que representan una radiografía de quien escribe, de las diferentes etapas, intereses, preocupaciones, alegrías y tristezas que inundan su vida. Al final, lo más importante no es el número de visitas, ni si quiera que quien te lea preste más o menos atención a lo publicado. Lo que para el que escribe estas líneas cuenta es la ventana al exterior que supone un blog, la vía de escape, la libertad para expresar lo que a uno le venga en gana en cada momento.

Para los pasionales, los que nos movemos por impulsos, los que disfrutamos los momentos que nos brinda la vida al máximo, un blog representa una radiografía personal, un refugio, de ahí el nombre del blog, El Refugio Interior, del que algún día publicaré en detalle los motivos por los que decidí llamarlo así. Siguiendo con la radiografía, un blog es bastante útil para echar la vista atrás, mirar la fecha e intuir el estado de ánimo que se tiene en cada momento. En caso de que por un momento haya alguna duda: sí, estoy dentro del grupo de la impulsividad, de seguir los dictados del corazón, los instintos, la aventura y, ¿por qué no decirlo? el riesgo, lo prohibido. Cada cual, con su personalidad, verá de una forma u otra el sentido de un blog, el sentido de la vida. Pero, como este es el mío, voy a dar mi visión. Siempre subjetiva, siempre influida  por mis estados de ánimo y por las características que conforman mi manera de ser. Como decía Jorge Ilegal en un programa de la tele: "Señora, si no le gusta mi careto, cambie de canal".

Como montaña rusa se podría definir la vida del que escribe. Una continua sucesión de subidas y bajadas. Hoy estás en el cielo y mañana en Mordor. Supongo que a mucha gente le pasa, pero para mí eso no es excusa. Es lo que tiene volcarse, dar y recibir puñetazos. Un boxeador debe ser un buen bailarín, tal y como dice el maestro Bunbury. Entre golpe y golpe el boxeador baila, disfruta del combate. Unas veces golpea, otras es golpeado. 

Contradicción, impulsividad, sangre caliente, emotividad. Oportunidades aprovechadas, oportunidades perdidas, oportunidades malgastadas, pifias, aciertos... vida.

Ahora es momento de levantarse, de sacar fuerzas, actitud. Momento de canciones, de introspección, de avanzar sin mirar atrás. Siempre quedará el rock, siempre quedará Neil Young, Loquillo, Los Suaves, Burning, Héroes del Silencio, Leño, Kiss...  un sinfín de canciones que marcan una vida, proclamas que resuenan en la cabeza. Himnos que acompañan en los momentos más difíciles. Y en los más dulces.

No hay líneas que mejor definan, para mí y ahora mismo, lo que hay que hacer en los momentos difíciles, que las que rescato del proyecto Pedrá. Sí, pedradas que uno se lleva por el camino: 

Y verás el resurgir, poderoso del guerrero,
Sin miedo a leyes ni a nostalgias,
Y caer mil veces más, y levantarse de nuevo, 
Sin más bandera que sus "güevos".

Sigue la radiografía, sigue el recorrido por esta senda. El tiempo pasa, implacable. Como un día alguien me dijo: "cada uno lleva su equipaje en la mochila. Solamente hay que saber que es lo que se quiere transportar en ella. No se puede llevar todo y en nuestras manos está saber elegir." Cuando la mochila está tan llena que se hace tan difícil continuar, no queda más remedio que soltar lastre.

Crecimos con el ansia,
De tener un pasado,
Años eléctricos,
Días extraños.

(Loquillo)

Sí, días extraños, otro punto de inflexión. Otro reto que superar. Otra experiencia más. Suenan muchas cosas en mi cabeza, pero sobre todo una: ACTITUD.

Polvo y humo nos cegaban
Fumando de regreso a casa
Bebiendo de regreso a casa
humo y polvo tus promesas
Polvo y humo tus palabras
Tus promesas polvo o nada

(Los Suaves)

Todos somos esclavos de nuestras decisiones, de nuestros aciertos, de nuestros fallos. Que alce la mano quien no se haya autoengañado al darse cuenta de que no ha tomado la decisión que deseaba. A veces, da tanto vértigo asumir ciertos cambios que buscamos cualquier pretexto para echarnos atrás. Y a veces, solo a veces, dan ganas de bajarse.

La noche había sido muy larga y muy oscura.
Quería oír tu voz. Que tus dulces palabras
me trajeran un poco de calma. Que el cariño
que sientes por mí viajara por teléfono
hacia mi corazón maltrecho y derrotado.
Quería oír tu voz.

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